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AL INFIERNO

pero vaya tío ya te digo una puta poema en castellano
a ver como me sale

mira, hay un hombre
quien vive en una isla,
o sea — encima de una isla

k adentro está lleno
todo ocupado por diosas bailadoras
con sus espíritus indignados y sudados
mientras sus tierras se queman al infierno,
el lugar dónde se crecieron sus hijas y sus
perros y sus hijos y sus
monstruos,
los mismos que luego se convertirían
en pescadores y cantantes
y cuidadores de cabritas,
en bailadores y bastante cabrones,
como suele resultar.

esta tierra está marcado y dolido,
y se nací al seco, con muchísima sangre,
cubierto en lagartos, y en la hierba seca
con un par de colinas, calas torturadas,
gente marrón con las manos y las almas
pequeñas y duras,
o sea compactas, listas
provechosas, cuando les toquen ser.

pero este tío de lo que hablo
pues él no viene de aquí,
su sangre es de otras tierras, más verdes y altas
con más cuevas pa poner casa y más paredes
para escalar,
dónde la gente se dispone de la espalda bien dura
y donde los perros
comen gatos y se ríen,

y él, igual que sus ancestros,
su espíritu no cae tan bien
ni con el sol ni con la humedad de aquí,
se moja la espalda y el cuello con
trabajo y lleva el ceño siempre fruncido,
concentrando o aguantando pero
siempre empujando, eso sí, es
algo en él que lo lleva adelante y k to trae
hacía mí

y lo veo

como si fuera escondido en las sombras
de un bosque en la niebla,
invierno y con frío y no sé cómo pero él
aún
sabe mi olor y lo detecta
desde lejos,
viene pa buscarme
y me encuentra a menudo,
soy su presa y el es mía, que a mí
él huele de montaña y de fuego,
y la única cosa que quiero
es quemarme en ello y al final
me quemo
en él

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